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Vlad Tepes y Bram: una mirada al mito de Drácula y los vampiros

En 1897 se publica en Inglaterra la obra cumbre de un escritor dublinés llamado Abraham Stoker (Bram para los amigos): Drácula. Bajo este siniestro vocablo se presentaba una terrorífica historia relatada de una manera bastante peculiar –fragmentos de diarios y papeles personales de los personajes-. Si bien la obra era ficción, para escribirla Bram Stoker se inspiró a partes iguales en la superstición de los habitantes de los Balcanes y en unos acontecimientos históricos sucedidos en Valaquia a finales de la Edad Media.

¡Ah, el vampiro!. ¡Cuantas veces hemos leído un libro o visto una película sobre estos seres! ¡Cuantas veces se ha cruzado en nuestra imaginación el rey indiscutible de las historias de terror! Posiblemente sea el monstruo más explotado por la literatura y el cine junto con los zombies, que han disfrutado de un importante ‘revival’ esta última década. ¿De dónde viene esta afición por los vampiros, monstruos tan privilegiados en el acervo cultural nuestro?

Del vrikolakas al wampyr

El mito vampírico es mucho más antiguo de lo que parece. Bram Stoker sólo lo puso de moda, pero ya se hablaba del vampiro en la Grecia cristiana. Allí ya se mencionan a los “Vrikolakas”. Este término hacía referencia al monstruo “chupador de sangre”, pero también hay documentos y tradiciones que llaman así a “el que lleva la piel o el pelo del lobo”. Este pudo ser el inicio de la tradición de dos monstruos bastante afamados dentro del mundo de la literatura de terror: el vampiro y el hombre lobo. Finalmente se reconoció al Vrikolakas como el vampiro bebedor de sangre que vive para siempre a menos que se acabe con él. Voltaire hace una referencia a los Vrikolakas en su Dictionnaire Philosophique:

“¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Demóstenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática. […] Los griegos están convencidos que los muertos son hechiceros, y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.”

Voltaire –Dictionnaire Philosophique. Fuente.

El vampiro fue adoptado por la superstición medieval de Bulgaria y Rumania. De “Vrukolas” (vocablo descendiente del original griego) se les conoció más adelante como “Wampyr” (wam= sangre, pyr= monstruo) o “Strigoiu”, el vampiro. La criatura ya era un ser muy conocido en estas culturas cuando aparece en escena, a finales de la Edad Media, un siniestro personaje.

A mediados del siglo XV los otomanos extienden su imperio (que durará hasta la Primera Guerra Mundial más o menos). Deciden cruzar el estrecho del Bósforo para invadir Europa por los Balcanes. Pero se topan con un problema con nombre propio. Reinaba entonces en la región de Valaquia (la zona sur de Rumania) un príncipe llamado Vlad III Dracula. En realidad era conocido como “Dracula” a secas, debido a que su padre había pertenecido a una importante orden de caballería conocida como la Orden del Dragón. En la lengua autóctona, “dragón” es “dracul”. “Dracula” significa textualmente “hijo del dragón”. Dracul resulta significar también “demonio”, cosa que le viene que ni pintada a nuestro personaje. Se le conoció también con el cariñoso sobrenombre de Vlad “Tepes” (“el empalador”) debido a una afición un tanto controvertida: empalar gente (tanto prisioneros otomanos como vasallos insubordinados o que le cayeran mal).

Vlad Drácula ha pasado a la historia en parte por sus luchas contra los turcos y en parte por su descarnada crueldad con sus enemigos y su pueblo. Reproduzco una parte de una biografía suya que circula por Internet:

Tras años de luchas intestinas, su padre Vlad consolidó su trono y se decidió a tener hijos, entre ellos su futuro sucesor. Este se crió entre batallas, pillajes y ejecuciones, mostrando desde niño una morbosa fascinación por las mazmorras de su padre.

Al crecer los vientos de la política lo llevaron a servir como oficial del Sultán turco. Finalmente a los 25 años, tomo el trono de su padre, y ahí comenzaron los problemas. Su primera medida fue la de ejecutar a todo el consejo de Boyardos que tradicionalmente moderaba a los príncipes: primero empaló a sus mujeres y niños, luego los hizo trabajar reconstruyendo una fortaleza y cavando túneles. Según las crónicas, usó su sangre para teñir de rojo el cemento de la torres. Esa crueldad era solo el comienzo.

Vlad Dracula desató un reino de terror que transformó Rumania en una tierra sin crímenes, sin insultos… la menor contradicción a la voluntad del príncipe significaba la muerte inmediata. Una delegación de diplomáticos italianos lo aprendió en carne propia cuando cortésmente se negaron a sacarse el sombrero en presencia de Dracul; esto enfureció al príncipe y ordeno se le clavasen los sombreros en el cráneo usando piezas de plata y un gran martillo.

Vlad recorría el castillo de noche disfrazado, viendo que hacían todos sus sirvientes; cuentan las crónicas contemporáneas que una noche el príncipe mando llamar a unas de sus sirvientes a su habitación, al día siguiente sobre el lecho de Vlad se encontró el cadáver de la joven completamente desangrado, pero sin el más mínimo rastro de violencia en su cuerpo, la madre de la joven que también pertenecía a los sirvientes del castillo murió dos años después atormentada con la idea que su hija venía todas las noches a su cuarto e imploraba que le diera descanso eterno.

Todos estos sucesos (si bien, algunos no están completamente demostrados) llevaron a que sus súbditos aseguraran que verdaderamente Vlad Dracula era el hijo del diablo y que a pesar de haber muerto su maléfico espíritu rondaría por siempre en busca de su alimento, la sangre humana.

tepes

… y solía empalar también a todos los prisioneros turcos que hacía, cosa que a su adversario, Mehmet II, sultán del Imperio Otomano, no le hacía nada de gracia.

Las guerras entre Mehmet II y Vlad III se prolongaron durante años. En las continuas luchas que ambos llevaban a cabo por los Balcanes, Mehmet siempre era rechazado por las fuerzas de Vlad Tepes (aunque en ocasiones este último volvía con sólo un puñado de supervivientes). Pero la suerte del Empalador cambió a finales de 1476, cuando cayó en una emboscada y murió junto con su guardia personal. Su cabeza se llevó a Estambul y fue expuesta durante días en el palacio de Mehmet II.

Así acaba la historia de Vlad Tepes, con un final demasiado piadoso para la crueldad que mostró contra el mundo. Decir como curiosidad que en el 500 aniversario de su muerte, el dictador Rumano Nikolai Caucescu le declaró héroe nacional. Pero, por lo demás, el tipo más cruel de la Edad Media pasó a un discreto segundo plano de la historia mundial.

Volvemos a Bram Stoker. Este caballero ya había escrito alguna que otra historia de terror como El desfiladero de la Serpiente o Crooked Sands. Pero su obra cumbre es, sin duda, Drácula. Para escribir la novela Bram Stoker dedicó a la escritura y a la investigación seis años de su vida. Viajó a Rumania y consiguió la ayuda de un importante erudito Húngaro. Decidió convertir al personaje en leyenda y traerlo a Inglaterra como mezcla de superstición y historia. Así nació el Conde Drácula, el vampiro. El sangriento gobernante pasó a ser un inmortal ser lleno de maldad que se alimentaba de la sangre de sus víctimas.

photo credit: lobbyboard2 via photopin (license)

Juntaletras y escribidor con amor por la ciencia ficción y por cualquiera de las dos partes de este binomio. A veces escribo sobre estas cosas o sobre otras que me gusten.

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