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‘El francotirador’: ¿Qué tramáis, morenos?

Hace ni más ni menos un siglo, un tal David W. Griffith filmó “El nacimiento de una nación”, la película con la que la industria del cine se hizo adulta. El llamado Padre del cine moderno supo aglutinar todas las mejoras técnicas y los recursos fílmicos en la que es considerada por muchos el primer gran largometraje. Más de tres horas de maestría en una cinta dotada de un sentimiento nunca antes visto.  El precursor del relato cinematográfico  y su película lo tenían todo para pasar a la Historia como referente mundial en la industria. pero nuestro amigo de hace 100 años tenía un problema. Era un paleto. Y esta es la realidad.  Griffith no tuvo la culpa de ser un niño de Kentucky nacido diez años después de la Guerra de Secesión. Pero las ideas sureñas calaron profundo en su moldeable mente, de forma que en su madurez, aparte de acostarse con su prima, se dedicó a dejar clara su poca afinidad por las personas de color. En este caso de color negro. Así, hacia el último tercio de “El nacimiento de una nación”, la película empieza a meterse por unos derroteros un poco turbios. Su lamentable devoción por el Ku Klux Klan y la forma en la que trataba a los negros, ahora conocidos como afroamericanos, hicieron que Griffith no fuese un personaje muy popular.

Obviamente hoy en día todavía se mira con recelo a David W. Griffith, y es que la losa del racismo le pesa demasiado. Pudo ser uno de los más grandes pero fue un mártir, un director influenciado por una época y un entorno que le convirtieron en un gran técnico que con su error nos enseño que una película es más que maestría detrás de la cámara. El director que dio forma al cine se olvidó de cuidar el fondo.

Esto nos trae a nuestra época, al cine de hoy y de otro grande: Clint Eastwood.

Hace poco expresé mis preocupaciones sobre el poquito rigor histórico de las películas estadounidenses. Y Clint es claro ejemplo. Lo que hace unos años no era más que una caricatura del americano tipo, poco a poco se está volviendo de carne y hueso. Ese cowboy que disparaba con los ojos entrecerrados por el sol, ese sucio policía que fumigaba sin despeinarse, ese sargento que escupía sobre cadáveres cubanos se ha convertido ahora en un director que sigue disparando antes de preguntar.

Lo que antes eran risas sobre estereotipos, se ha convertido con los años en realidad. La realidad de Eastwood. Y el colofón final vino representado por su última película. Y es que, pasados cien años, “El nacimiento de una nación” no se aleja mucho de “El francotirador“. En cien años el tema del KKK está (casi) superado, pero en el 2015 el racismo no ha desaparecido, simplemente se ha cambiado de barrio. Y es que ambas películas muestran una realidad, sí, pero el problema es que tanto Griffith como Eastwood se posicionan claramente por un bando.

Y es que “El francotirador” es un panfleto. Totalmente sesgado y visto a través del cristal americano. Una película donde se nos enseña cómo EE.UU. salva al mundo. Una película donde lo que vale es la vida de esos salvadores. Los habitantes de Irak mueren como ratas, sin dolor, ni aspavientos ni llantos. ¿Que vacunamos a un irakí con un disparo de Barret en la cara? Sin sobresaltos. Cae a tierra como un saco y a por otro. ¿Que un todopoderoso Marine americano, cuya vida vale por dos, es disparado? Paren las rotativas. Slow motion, gritos de dolor, lágrimas, sangre, barras y estrellas. Y ojito a la sutileza, el único irakí que vemos sufrir es el que muere a manos de otro irakí. Y así, mientras vemos como cada tiro de paz y libertad salva a la Humanidad, se nos va olvidando la realidad. Y es que el que roba a un ladrón, no sólo no merece cien años de perdón, si no que has de cuidarte bien de él. Y por mucho que se empeñen, la muerte del hombre que fue conocido como “La Leyenda” por el hecho de matar, no merece ni el más mínimo respeto.

Clint es un jefe. Siempre lo ha sido y a estas alturas eso no se lo va a quitar nadie, pero hay que andarse con ojo. No convirtamos todos los hechos históricos en una película de indios contra vaqueros.

Amigo de mis amigos, me gusta el cine y viajar. Escribir vaguedades acerca de mí y pasear. El deporte y la música. Normalmente me encontraréis en la sección de "cine". Nadar es el mejor de los ejercicios.

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