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El Ministerio del Tiempo y la Eternidad de Asimov

Ayer se emitió el último capítulo de El Ministerio del Tiempo y se ha constatado que lo que parecía imposible, se ha conseguido. Por fin ha aparecido una serie de ciencia ficción española con una calidad más que suficiente como para sentir mucho orgullo patrio y nada de culpabilidad al declararse fan. El Ministerio del Tiempo ha conseguido, después y mejor que la malhadada Victor Ros, hacerse un hueco entre esos raros especímenes de ficción española que son tan buenos que casi podemos decir “no parece española”.

Dice mucho de cómo en un país se hacen series una frase así, ¿no? “No parece española”. Y con razón la coletilla es algo bueno. Somos el país de las series que tienen que calzar romance y celos sí o sí, venga o no a cuento. El país del héroe y el bufón sin escalas de grises en medio. El de la comedia de enredo ad nauseam, del humor regionalista y xenófobo y de los diálogos antinaturales. Se criticó mucho a Arturo Pérez-Reverte cuando dijo, después de ver el primer capítulo de Las Aventuras del Capitán Alatriste, que la cadena HBO americana lo haría mejor.

Pero lo cierto es que Pérez-Reverte tiene razón. En España no hemos hecho una serie al nivel de calidad de británicas, americanas y escandinavas en nuestra puta vida. Y la serie de Alatriste es una versión de Pitingo de las novelas.

En cambio, y aunque no sale en las encuestas, el Ministerio del Tiempo es el ministerio favorito de los españoles. ¿Por qué? ¿Hemos sabido, de repente, hacer una buena ciencia ficción, después de las aberraciones de Plutón BRB Nero y  El Inquilino? Parece que en este caso hemos juntado un guionista con talento y unas buenas influencias. Seguramente ya se habrá escrito mucho sobre estas influencias, no lo sé seguro porque no me he leído ni un artículo al respecto, pero apostaría mi barba a que nadie ha hablado de una obra relativamente poco conocida de Isaac Asimov: El fin de la Eternidad.

Ministerio del Tiempo - Alonso De Entrerrios by Mibu-no-ookami

“Ministerio del Tiempo – Alonso De Entrerrios” by Mibu-no-ookami

Mencionamos esta obra en uno de los primeros artículos que publicamos en este blog. El fin de la Eternidad es un obra inteligente y científica que muestra al Asimov de la primera época en todo su apogeo. El autor explora el tema de los viajes en el tiempo desde un lugar fuera del tiempo, la Eternidad, y a lo largo del libro la trama se desarrolla exponiendo una serie de paradojas temporales posibles.

Similar al trío protagonista de El Ministerio del Tiempo, Andrew Harlan, el personaje principal de la novela es un agente temporal que lleva a cabo misiones para la Eternidad, una organización que controla los acontecimientos del tiempo de forma que siempre les beneficien a ellos. Harlan es el encargado de, tras unos estudios y cálculos previos, ejecutar unos cambios en apariencia irrelevantes pero que producen un efecto mariposa y llevan a grandes cambios históricos. Es decir: la trama de todos los capítulos El Ministerio del Tiempo: evitar la muerte del empecinado antes de que se convierta en guerrillero para asegurarse de que España gana la guerra de la Independencia, recuperar el recibo del Guernica para que no se quede en Nueva York, etcétera.

Los parecidos no quedan sólo ahí, sino en algunas herramientas de la trama. En una de estas paradojas, Andrew Harlan, el protagonista, casi se encuentra a sí mismo, algo que ocurre con uno de los antagonistas en el capítulo siete de la serie.

Sin embargo, aquí va una diferencia fundamental: la trama de El Fin de la Eternidad se desarrolla porque es posible viajar al futuro, algo que es imposible en el pasado. En general, la trama de la novela de Asimov es sólida y, aunque también muestra el tiempo como una relación de causa-efecto, no cae en algunas de las incoherencias de la serie española (algo tenía que criticar, si no, yo no era yo).

La principal y más evidente quizás sea, por la propia estructura del tiempo que se maneja en la serie, la imposibilidad de viajar el futuro. Según está planteado, se podría viajar al futuro y no habría ningún “presente definitivo” como la serie invita a pensar que hay.  Asimov percibió este problema y, para ello, cuando concibió la Eternidad, lo hizo como un lugar fuera de la línea temporal, al que se entra y se sale de una forma un poco más complicada que las puertas del ministerio, pero que, al igual que este, actúa como un “lobby” de hotel. Al igual que en el caso del Ministerio del Tiempo, la Eternidad también está poblada de funcionarios de distintas épocas y cuyas peculiaridades culturales los hacen tener roces más o menos severos y, en instancias, cómicos.

Hay que decir que la serie ha sido construida aprovechando al máximo la experiencia de RTVE en las series de época, posiblemente nuestra característica más peculiar como país en lo que a producción de series se refiere. En esta ocasión, han pasado de hacer series de época a una serie de épocas. Y con momentos de mucho riesgo, además, como la aparición de Franco y Hitler. Quizás esto de al telespectador una sensación de familiaridad con lo que se ve, con guiños a épocas que algunos aun recuerdan con nostalgia, como los ochenta. En cambio, Asimov optó por hacer casi todas las visitas a futuros lejanos desde el momento en el que nos encontramos, lo que le dio más libertad creativa, sumergiendo al lector en extraños tiempos que aún no han ocurrido.

Juntaletras y escribidor con amor por la ciencia ficción y por cualquiera de las dos partes de este binomio. A veces escribo sobre estas cosas o sobre otras que me gusten.

3 Comments

  1. Irene

    Enhorabuena, compañero de letras, estoy de acuerdo conrtigo. Esta serie nos ha dado momentazos. Los nazis tomando el ministerio, Velázquez por los suelos cual damisela y Spínola y su tropa de machacas salidos del infierno de Flandes tomando el control es de lo más guay que hemos visto en TVE desde los Electroduendes. Pero creo que la serie adolece de cierta falta de ritmo: el hecho de que puedan volver al ministerio cada noche en medio de cada misión rebaja la tensión narrativa hasta algo parecido al anticlimax. Y definitivamente se desaprovechan las posibilidades del género de la ciencia ficción por no plantear bien los mecanismos del ministerio. Es el Ministerio de la paradoja: si no se puede viajar al futuro, ¿cómo es que los personajes del pasado sí pueden? Eso de que nuestro presente es EL PRESENTE es muy de ciencia ficción del siglo XIX. Tal vez lo hicieron por falta de recursos para crear visualmente un futuro. Lo que esta claro es que esos descuidos en la arquitectura de una historia de viajes temporales tarde o temprano se dan la vuelta y te muerden el culo en forma de paradoja. También parece un poco ingenua la idea de proteger la Historia, en el caso de España uno parece más destinado a proteger la histeria. A ver si lo pulen en la próxima temporada, que esperemos sea la segunda de muchas. Sobre todo para seguir viendo a la revelación de la serie: Alonso de Entrerríos, interpretado por un Nacho Fresneda que puede con todo lo que le echen. Pone cara de comedia y te ríes, pone cara de drama y te emocionas, se preocupa y te acongojas, se cabrea y se caga la perra. Lo mismo defiende a los indefensos que tumba a Buñuel de una leche. En fin, un espectáculo. ¡Larga vida al Ministerio… por Santiago y por España!

  2. Carlos Daniel

    Excelente análisis… a mí también me parecío vagamente similar a la Eternidad en cuanto al concepto de viaje en el tiempo (desde un sitio ”fijo” hacia otros puntos también fijos), aunque también ciertas reminicenscias a la Patrulla del Tiempo (o Guardianes del Tiempo, depende la traducción) del Paul Anderson.
    Irene: precisamente, la idea de un presente ”privilegiado” le da cierto sabor a la serie; no es necesario ”crear” un futuro, basta colocar las situaciones en un pasado frágil. Si leiste ”El fin de la Eternidad”, quizás recuerdes lo extraño que ahí ocurre, solo pudiendo viajar al futuro (incluso a los Siglso Oscuros… siguiendo el simil con el Ministerio del Tiempo, se puede viajar, pero no se pueden abrir esas puertas).
    Tampoco veo paradoja (dentro de la lógica de la ciencia – ficción que plantea la serie, desde ya), dado que suponiendo una serie finitas de puertas, en ellas transcurre el tiempo (el fisio-tiempo, diría Asimov) y habría una que siempre estaría en el presente.
    No me estoy explicando bien 🙁 … a ver si mejoro un poco. Supongamos que la cantidad de puertas es finita (no como en la Eternidad). Cada puerta comunica con uno y solo un punto espacio – temporal, y se encuentran ordenadas, numeradas, temporalmente (las más ”profundas” llevan a fechas más antiguas, por ejemplo). Habrá una puerta que será la primera de la serie ordenada (algo así como el cero de los números naturales): cualquier puerta, con referencia a esa puerta, se encontraría en el pasado y, por definición, ninguna puerta estaría en el presente respecto a ESA puerta Cero. En el Ministerio del Tiempo, el punto temporal en que se encuentra la Puerta Cero es Madrid de 2015, pero en todas las puertas, el tiempo se desplaza ”normalmente”, así que pronto estará más cerca de 2016. [NOTA: No existe ningún número natural menor a cero… los números negativos no son números naturales. Igual, se trata de una metáfora, a ver si me explico mejor como interpreto yo las puertas y porqué no es paradójico que alguien de 2015 no pueda viajar a 2017 y alguién de 1600 sí pueda viajar a 1880, por poner un ejemplo.]

    1. Carlos Marina

      ¡Madre mía, da gusto tener lectores tan enterados y tan inteligentes!
      Perdón por no haber respondido con antelación, tengo mucho lío :S. Gracias por el cumplido pero, sobre todo, por leernos. Has soltado muchas ideas muy interesantes… ¿no tendrás una máquina del tiempo en tu garaje? XD
      No, ahora en serio, gracias por el comentario. ¡Anotaremos tus teorías si hacemos un nuevo artículo sobre viajes en el tiempo! Mientras tanto, te invito a que te leas los artículos sobre Regreso al Futuro que ha escrito Irene: http://aficciones.net/tag/regreso-al-futuro/

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