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El fracaso de las series de deportes

Las pasadas semanas, Estados Unidos ha vivido la vorágine deportiva habitual de principios de año con la Superbowl de la NFL y el All Star de la NBA, dos de los acontecimientos televisivos del año, todos los años. A ellos hay que sumar mundiales de fútbol, Fórmula 1, Nascar, Olimpiadas, Baseball, el enfrentamiento entre Maywather y Pacquiao el próximo 2 de mayo, la Champions League y un largo etcétera. Todos con audiencias que ya quisiera para sí cualquier otro programa. Y resulta curioso que con tanto aficionado, más que acostumbrado a la televisión, la ficción no ha sido capaz de atraer dicho éxito a los pocos intentos que ha habido para producir series de deportes en la pequeña pantalla.

Aunque el cine si que ha contado con grandes éxitos de esta temática, estas victorias no se han podido repetir en televisión, ¿por qué? Es un misterio digno de Iker Jiménez o de  Pedro Piqueras que últimamente parecen lo mismo. Aunque hay que reconocer que tampoco han sido muchos los intentos por conseguirlo. El motivo principal es que el deporte es caro de recrear y que escribir sobre ello es complicado. Es decir, la mayor parte de los éxitos cinematográficos en este campo son historias reales que aguantan un par de horas en pantalla, pero que difícilmente harían lo mismo en una ficción de largo recorrido. A pesar de ello, os traigo un pequeño catalogo de pequeñas joyitas del género que creo que muestran lo que podría dar de sí el deporte en la pequeña pantalla.

FRIDAY NIGHT LIGHTS

Si habéis visto el vídeo, entenderéis la magia de esta serie. Es un relato basado en una película homónima que a su vez estaba basada en un libro documental. Peter Berg y Jason Katims acertaron cuando decidieron desligar su historia de ambos antecedentes y crear un pueblo ficticio en medio de Texas. En él no hay nada más grande que los viernes por la noche cuando el equipo de fútbol americano del instituto juega los partidos. Chavales de 15, 16, 17 años que buscan una oportunidad o simplemente follar con las animadoras. Hay de todo en esta historia que no se limita a hablarnos de fútbol durante cinco temporadas sino que nos imbuye en una Texas hipercalórica de nostalgia inmediata con unos personajes más que redondos.

Los adolescentes van creciendo y desapareciendo de la serie (aunque muy poco a poco) por lo que podremos disfrutar de varias generaciones sin cambios muy brutales de reparto, pero sin que nos de tiempo a cansarnos de ellos. Esta serie tiene muchas virtudes. Una de ellas es que tiene un gran universo en off, es decir, nos hace creer que los personajes siguen con sus vidas una vez fuera de la serie (y de repente regresan y lo confirman… y durante tres episodios quieres que se queden para siempre pero como ese amigo de la adolescencia que ves unos días cada verano y después vuelve a desaparecer). Otra es la capacidad para generar nuevas tramas cada temporada, creando épicas distintas sin tener un equipo invencible. De hecho, en alguna temporada es todo lo contrario.

Además es capaz de sacar lo mejor de los actores. Lo hace a través de un sistema de rodaje tan original como arriesgado: Los guiones marcaban las pautas de las escenas (estamos aquí, pasa esto y hay que terminar así), pero sin diálogos pre-escritos. Por eso la serie está llena de silencios, en los que los actores debían pensar que decir, como actuar en esa situación por eso es de esas ficciones en las que cuando no se dice nada se está contando mucho.

Friday Night Lights es más que una serie de fútbol americano y aunque no contó con el brillo de las audiencias de sus coetáneas (tuvo que se rescatada por DirectTv que coprodujo la serie a partir de la 2ª temporada con la NBC) y tampoco ganó demasiados premios. Pero el tiempo es un gran amante del arte y por ello, hoy ya es considerada como una de las mejores series de esa edad de oro de la televisión. Si no la has visto… te envidio. ¡Quién pudiera verla por primera vez otra vez! Por cierto, atentos al piloto, que es magistral.

BLUE MOUNTAIN STATE

¿Qué pasaría si juntáramos Friday Night Lights y American Pie? Saldría Blue Mountain State. Tal vez, no sea la mejor serie deportiva que nos podamos encontrar pero aporta un punto distinto sobre como tratar los deportes en televisión. El protagonista, Alex Moran, es el Quaterback suplente de la universidad que da titulo a la serie. Es un producto que pasa tanto del tópico deportivo que su protagonista lejos de querer alcanzar la titularidad, lucha por vivir como jugador de fútbol americano (con todos los privilegios que le reporta en la Universidad) sin dar un solo pase.

La serie es una gamberrada que capítulo tras capítulo esgrime las mismas armas: El sexo, la comedia desenfrenada, la crítica más desaforada al sistema deportivo-universitario y por supuesto, las continuas referencias al género, sobre todo en su vertiente cinematográfica. ¿Merece la pena verla? Sí.  Chris Romansky perpetró esta serie siguiendo el estilo de sus Colgados de Filadelfia y funciona muy bien, incluso tiene capítulos que llegan a emocionar y eso no es desdeñable para una comedia tan desmedida como esta.

La serie tiene 39 capítulos distribuidos en 3 temporadas. Como curiosidad, en las dos primeras podremos ver a Sam Jones III que era el amigo de Clark Kent en Smallville.

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Soy periodista de formación, guionista de vocación y escritor de intención. Mientras tanto, pongo copas,

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