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Aaron Sorkin, el Quijote catódico

ATENCIÓN LA SIGUIENTE ENTRADA CONTIENE SPOILERS Y UNA ADMIRACIÓN DESMEDIDA HACIA SORKIN…

Aaron Sorkin es uno de los guionistas con más talento y personalidad que nos maravilló durante la edad de oro de la televisión. Hablo en pasado porque tras el “fracaso” de The Newsroom ha decidido dejar el medio y dedicarse por entero al cine. Y es que últimamente la gran pantalla le ha traído mucho mejores noticias que la pequeña. Sus dos últimos trabajos: Moneyball y La Red Social se llevaron varias nominaciones a los Oscar con premio en el apartado de guión para esta última.

Pero si todavía no conocéis a Aaron Sorkin, lo mejor será empezar por el principio. A principios de los 90, Sorkin que había escrito algunas obras de teatro, dio el salto a Hollywood. Lo hizo en un equipo de guionistas que revisó un texto que dio lugar a La Lista de Schilder. En ese equipo había otros nombres ahora conocidos como el de Steven Moffat por ejemplo (Podían probar a escribir algo a medias…) No fue reconocido, porque esos trabajos ni tan siquiera salen en los créditos, pero  le sirvió para recibir un encargo que cambiaría su vida: Adaptar su propia obra teatral que había sido un éxito en Broadway, Algunos hombres buenos como guión cinematográfico. El trabajo fue tan bien recibido, que antes de que se estrenara el film, ya tenía un nuevo encargo: Malicia, una película que protagonizaría, el por aquel entonces chico de oro, Alec Baldwin. Tal vez, sea el menos brillante de sus trabajos, pero junto a su primera película, nos dejó alguna pincelada sobre lo que sería la carrera de Sorkin en el futuro: Diálogos brillantes, monólogos arrolladores, una ideología clara y una temeridad sin paliativos a la hora “envangelizar” con su moral anti fanatismo religioso (muy imperante en ciertas épocas en Estados Unidos). Este es el monólogo con el que Sorkin hizo lucirse a Baldwin:

Sorkin nunca ha tenido demasiada suerte en la taquilla, y eso hizo que tuviera que esperar dos años a ver su siguiente película en la gran pantalla. Fue Rob Reiner (que había dirigido Algunos hombres buenos) quien le rescató y dirigió una suerte de comedia romántica ambientada en la Casa Blanca. La película es prácticamente anodina gracias a la insulsa trama amorosa entre el presidente y una lider de un lobby reconvertida a asesora. Pero entre tanta glucosa, se vieron los cimientos de lo que luego sería su mayor éxito televisivo hasta la fecha, pero no adelantemos acontecimientos.

En 1998, llegó a la ABC, Sport Night, una especie de Sit-com ambientada en la producción de un programa deportivo, el de máxima audiencia de una pequeña cadena de cable. La serie estaba protagonizada por tres rostros que después han terminado por ser grandes en la televisión: Felicity Huffman (Mujeres desesperadas), Peter Krause (A dos metros bajo tierra) y Josh Charles (The Good Wife). Además de otros menos conocidos pero recurrentes en series de enjundia como Joshua Malina (El Ala Oeste o Scandal). No caló demasiado entre el gran público ya que no acababa de ser una sit-com y que sus momentos más brillantes eran más propios del drama. La ABC la canceló tras la segunda temporada.

Showtime y HBO se lanzaron sobre la serie y le ofrecieron la posibilidad de continuarla, pero Sorkin, acompañado de su productor y amigo, Thomas Schlame, tenía ya otra presa entre los dientes. Aprendiendo de sus errores y de los fallos de su última película y creó El Ala Oeste de la Casa Blanca. En la serie se relata el devenir de la administración de un presidente demócrata, Jed Barlett, y su equipo de asesores. Lo que puede parecer una serie aburrida, no sólo es vibrante y brillante, sino que dio el pistoletazo de salida a un nuevo género en la ficción televisiva que poco se ha sabido explotar desde entonces. Este es un fragmento del arranque de la cuarta temporada:

Como veis, la comedia (aunque existe) se queda a un lado y Sorkin encuentra su punto en una dramedia con momentos verdaderamente gloriosos. Fue un éxito rotundo. El Ala Oeste se convirtió con Friends, Seinfield y Urgencias en la series ‘must see’ de la NBC. (Las cuatro estaban reunidas en una noche en la que la cadena del pavo real era invencible y firmaba cifras que desde entonces se antojan imposibles). Las cuatro primeras temporadas la serie se llevó los Emmys a mejor serie dramática y unos cuantos premios más… pero los problemas ya habían empezado. Retrocedamos al inicio de la tercera temporada.

¡No toques la política!

El 11 de septiembre de 2001 las Torres Gemelas caían víctimas del mayor atentado en suelo Estadounidense. El inicio de la temporada televisiva se retrasaba y nadie sabía muy bien como retomar la normalidad. Sorkin y Schlame pidieron suspender unas semanas más el inicio de la temporada. No les dejaron y decidieron que aunque la serie versaría de un mundo ficticio donde detendrían el atentado contra otro símbolo (el Golden Gate) con interesantes dilemas ético-morales, debían hacer un episodio que hablara de lo sucedido. En él, en vez de ver un presidente encolerizado clamando venganza, vimos a los miembros del reparto explicando a una visita juvenil las diferencias entre los yihaddistas y los musulmanes. El capítulo se tituló Caín y Abel. Esto le valió una seria reprimenda por parte de la cadena, que de tocarse el asunto tenía muy claro como querían que se hiciera.

El rumbo de la temporada no hizo más que agrandar las grietas entre ambos bandos. La cuarta empezó como había terminado, con cada vez más discrepancias. La temporada se cobró su primera víctima en el actor, Rob Lowe, que iba a ser el protagonista del show, pero que tras unos cuantos capítulos se había convertido en una serie coral. No fue el único. Sorkin y Schlame dejaron la serie al finalizar la temporada y Sorkin lo hizo con toda una declaración de intenciones: La Casa Blanca de la serie era tomada por los Republicanos, debido al secuestro de la hija del presidente por parte de los extremistas… John Wells (que también producía Urgencias y que había fichado a Sorkin y a Schlame para su productora) dejo que su mayor talento se fuera y con él, parte del éxito de la serie. De por medio, quedaron varias recaídas en las drogas del guionista y un ingreso en una clínica de rehabilitación en 2001.

Las tres temporadas siguientes perdieron audiencia exponencialmente, calidad (sobre todo durante la quinta temporada) y no volvió a ganar premios, aunque estuvo nominada. Sorkin esperó al final de la serie para vender su nuevo producto a la NBC, Studio 60. Con un piloto considerado como uno de los mejores de la historia de la televisión, el show relataba los entresijos de un programa a lo Saturday Night Live (sketches en directo). Sorkin volvía a la metetelevisión. ¿Qué podía salir mal? Pues que Sorkin estaba muy enfadado: ¡Le habían robado la serie de su vida! ¡La primera vez que acariciaba el éxito y se la habían quitado! El guionista se vengó contando de la mano de Mathew Perry, Bradley Whitford y Amanda Peet todo lo que había sucedido con su anterior serie. Aún así Studio 60 es un producto brillante con un reparto espectacular, con los habituales diálogos rápidos y profundos… y con una gran dosis de crítica a la sociedad y la tele americana. Este es su arranque:

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Soy periodista de formación, guionista de vocación y escritor de intención. Mientras tanto, pongo copas,

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