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Sherlock Holmes y el caso de la pipa y el gorro de caza que pasaron de moda

Arthur Conan Doyle creó uno de los héroes más extraordinarios. Tanto que desde entonces cualquier persona podría soltar una ristra de detectives que beben directa o indirectamente de las aventuras del detective que nunca pronunció “Elemental, querido Watson” y aún así convirtió la frase en mito… Eso es tener clase y no lo de Paulo Coelho. Desde finales del S. XIX han sido centenares las adaptaciones (por no decir algunas más) del detective de nombre extraño y conocimientos infinitos y es que Sherlock Holmes no tardó demasiado en llegar a la gran pantalla. Lo hizo en 1900. Y desde entonces, conquistó la radio, el cine, la televisión, a Agatha Christie,  a Raymond Chandler, etc. Y es que aunque no fue el primero, no lo ha habido con mayor influencia en la posteridad. Sin embargo, de un tiempo a esta parte parecía que la figura del detective había perdido enteros y que las nuevas generaciones no estaban interesadas en sus aventuras. Sólo lo parecía.

A su regreso, curiosamente, fue transformado en médico. (¡Qué orgulloso estaría Watson!) Holmes, convertido en House, se desprendió de un siglo de ataduras  y se convirtió en un médico tan cínico, irresponsable y genial que se puso a la altura de su predecesor. Fue tal el éxito de su adaptación, que la BBC decidió recuperar al detective más allá de las habituales películas de baratero, y se lo encargó al showrunner del momento, Steven Moffat, que ya había acordado continuar con el trabajo de Russell T. Davies en Doctor Who. Por si esto fuera poco, Guy Ritchie hizo de las suyas y perpetró una de las sagas más insustanciales y aburridas de los últimos tiempos. Y es que ha hecho poco bien a las películas protagonizadas por Robert Downey Jr. la coincidencia temporal de ambos proyectos. Para finalizar, hace dos años empezó Elementary en la CBS americana. La cadena que enarbola los procedimentales como bandera, quiso aprovecharse de la inercia y preparó una serie con un Sherlock clásico y actual (así de chulos son).

Holmes ya no es del siglo XIX

Uno de los síndromes que sufren muchos de los personajes tan adaptados, versionados y distorsionados es el hastío que provocan en el espectador. El Holmes con pipa y gorra de caza ya no está de moda. Ni tan siquiera en la adaptación cinematográfica ambientada en una suerte de Londres con reminiscencias steampunk sigue el esquema clásico del detective. En este caso, Ritchie optó una vez más por generar un personaje más cercano a una estrella del pop, de gracieta fácil y con aventuras, que aunque intrincadas, normalmente terminan con clímax más propios de una película de acción que de las originales historias de suspense.

Pero vamos al tema que nos ocupa, las tres adaptaciones televisivas. En el caso del Sherlock de Moffat mantenía todas las características del detective británico: una colección multidisciplinar de conocimientos que van desde la química (era el conocimiento principal del Holmes clásico), pasando por la matemática, la ciencia forense, la música clásica, física, etc. En este caso, Moffat decidió acentuar el carácter aspergeriano del detective y crear un Watson (Martín Freeman) que debía funcionar como contrapunto, pero que en la mayor parte de los casos se convierte en un divertida plañidera. Aún así el dúo funciona y el espectador agradece la presencia del ayudante como su enganche ante un personaje, el interpretado por un brillante Benedict Cumberbatch, que a veces roza lo infrahumano.

sherlock
 

Más percepción que deducción

No es muy distinto, a lo que intentó David Shore con House. La suerte fue que la duración de la serie hiciera que Wilson (su Watson),  interpretado por el siempre carismático Robert Sean Leonard, tuvieran mucha más entidad y que la excusa para la poca conexión de House con el resto de la humanidad (la cojera) le acercara al espectador. Además ayudó mucho la química dentro y fuera de la pantalla entre Leonard y Hugh Laurie (House). Nos encontramos con un Sherlock lisiado, totalmente dominado por su cojera y el dolor que le acarrea. Una lesión que no sólo no reduce su inteligencia sino que le aumenta. House incorpora una ironía menos sutil con un sarcasmo a veces infantil. Lo que le hace más cercano al Sherlock original es la acentuación de su proceso deductivo sobre el perceptivo.

Me explico. Los Holmes, tanto el de Moffat como el de Ritchie, pasan de simples detectives a superhéroes con una percepción sobre humana capaz de analizar migas de pan prendidas en una gabardina. Prima la percepción sobre la deducción, House, en cambio, mantiene un espíritu más cercano al original. No olvidemos que el Sherlock original basa su éxito en el conocimiento de una recién nacida ciencia forense. House no tiene una percepción descomunal, sino que tiene un conocimiento formidable, muchas veces obsesivo, sobre medicina y seis ojos (sus ayudantes) que ayudan a que no se le pase nada. Por supuesto, que la concepción de los capítulos el equilibrio entre caso médico (que normalmente evoluciona a base de prueba y error) y la vida de House con sus travesuras ayudó a la longevidad de la serie. No olvidemos, que salvo para Moffat, las series tienen entre 13 episodios y 24 por temporada, por lo que la capacidad para crear casos interesantes ha de ser enorme.

Y ese es el problema de Elementary, posiblemente, con el Sherlock más clásico (interpretado por Jonhy Lee Miller) y el Watson más anodino de los mencionados (interpretado por Lucy Liu). Mantiene todos los gustos (abejas, sistemas de combate, conocimientos geológicos, etc.) Además, incorpora un gran dominio de la tecnología que no desentona en la traslación temporal del personaje. El principal problema es la falta de química entre ambos personajes, algo que en las otras dos producciones es un gran pro, aquí es un contra casi irresoluble. Por ello, en la tercera temporada han añadido una nueva ayudante que parece que ha sentado bien a la relación entre Watson y Holmes.

Elementary, creada por Robert Doherty, traslada a Holmes desde Londres al Nueva York actual. Al inicio de la serie Sherlock acaba de terminar un programa de rehabilitación por su adicción a la heroína y su cuidadora es una cirujana retirada, Joan Watson. Me he detenido en su sinopsis porque parecía de lo más prometedora, pero ahí se termina el tema. Elementary está aquejada de una falta de personalidad alarmante, a pesar de ideas que podían haber sido interesantes como la Watson femenina o que Irene Adler y Moriarty sean la misma persona, pero adolece de las dos virtudes de sus predecesoras.

En Sherlock la duración de los capítulos, cercana a la hora y media, permite a Moffat montar casos complejos de resoluciones pasmosas (muchos de ellos, de hecho, son adaptaciones de los clásicos de Doyle). House creó una dinámica en la que el caso es un catalizador para que el personaje crezca y descubra. Muchas veces para plantear dilemas éticos, pero en cualquier caso, la medicina es lo menos importante. Elementary no deja de ser un procedimental más… aunque tengo esperanzas que esas grandes ideas exploten en algo más que entretenido (qué lo es).

¿Dónde quedó El Juego?

Para terminar, una reflexión: ¿Habrá alguna serie capaz de trasladar el Juego de detectives de la literatura? Es decir, presentar un caso, sus sospechosos, sus pruebas y que el espectador apueste por uno u otro culpable. Twin Peaks va a volver. Pero no escribo sobre los casos que ocupan una temporada (a veces varias), sino de estas series tal vez más ligeras. ¿Dejará de sacarse conejos de la chistera Moffat y nos mostrará un caso sin despistar al espectador con intricados montajes? ¿Conseguirá Elementary un caso suficientemente interesante para que el espectador quiera resolverlo? ¿Volverá House e investigará un asesinato? Es que no me veo estudiando ocho años de medicina…

Soy periodista de formación, guionista de vocación y escritor de intención. Mientras tanto, pongo copas,

2 Comments

  1. Lev Mishkin

    Un buen complemento a las series y los relatos de Conan Doyle es el juego de mesa Sherlock Holmes Consulting Detective (editado en castellano el año 2013). Un juego donde competimos contra el mismisimo Sherlock en la resolución de enigmas. Es un juego de deducción narrativo emparentado con los libros de elige tu propia aventura. No tan lineal y supone una esperiencia de juego diferente y muy satisfactoria para todos los que hayan soñado alguna vez con emular a su detective preferido.

    http://www.lamarcadeleste.com/2013/12/unboxing-de-sherlock-holmes-detective.html

    1. Carlos Marina

      Sí, señor. A mí me lo regalaron para Navidades y tengo que decir que me he enamorado del juego (pese a mi patética puntuación). Sólo hemos resuelto un caso y estamos deseando volver a reunirnos para seguir.

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